Estábamos sentados en unas solitarias escaleras. Mirándonos a los ojos, sonriendo pero a punto de llorar. Pronunció mi nombre, en su voz siempre sonaba especial, como una canción en un disco de vinilo.
+¿Porqué te vas?
-Porque el mundo pesa demasiado, este no es mi lugar
+¿Y adónde vas?
-Voy donde el cielo esté más alto y no brillen sobre mí tantos luceros...